Algo está pasando en el sureste mexicano y los artistas internacionales lo notaron antes que nadie.
En los últimos meses, dos creadores de trayectoria internacional llegaron a Mérida para participar en residencias artísticas y ambos terminaron tomando la misma decisión: quedarse más tiempo del previsto.
El primero es el reconocido artista cubano Montoto, quien desarrolla su residencia con la galería Arte1010 y se ha declarado enamorado de la ciudad y de su gente. Durante su estancia ha realizado sesiones de pintura en vivo en el Pasaje Picheta, en pleno Centro Histórico, donde visitantes y habitantes han podido ver de cerca cómo trabaja una de las figuras del arte contemporáneo cubano. Su residencia culminará con una exposición.
El segundo es el artista Ángel León, quien tras concluir su residencia decidió permanecer una temporada más en la capital yucateca. Actualmente trabaja en una colección de más de 24 piezas inéditas inspiradas en la identidad, la arquitectura y la luz de la región, que serán presentadas en una exposición en México.
Los dos casos comparten algo: no llegaron buscando quedarse. Se quedaron porque encontraron algo aquí.
El fenómeno no es casual. La península concentra una combinación poco común de riqueza cultural, costos accesibles frente a otras capitales del arte, tranquilidad para trabajar y una comunidad que ha recibido bien a los creadores que llegan. A eso se suma el crecimiento de galerías y programas de residencia que han comenzado a operar en Mérida en los últimos años.
Para la región, el efecto va más allá del turismo cultural. Cuando artistas de trayectoria internacional producen obra en el sureste y la exhiben fuera, el nombre de esta zona del país viaja con ellos.

Y esa es una forma de proyección que ningún presupuesto publicitario puede comprar.
















